Cuando hablamos de descarbonización, solemos pensar en electrificación, paneles solares o parques eólicos. Sin embargo, hay otro protagonista que está ganando peso, especialmente en el transporte pesado por carretera y marítimo: el biometano en forma de BioGNC y BioGNL. Entender qué son y cómo ayudan a descarbonizar es clave para anticipar hacia dónde va la energía en los próximos años.
Qué es la descarbonización y por qué el transporte es tan crítico
Descarbonizar significa reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero, principalmente CO₂, hasta acercarnos a la neutralidad climática. No se trata solo de emitir menos en el tubo de escape, sino de disminuir las emisiones a lo largo de todo el ciclo de vida de la energía, desde la producción hasta el uso final.
El transporte tiene un papel protagonista en este reto. En la Unión Europea, las emisiones asociadas al transporte doméstico superan el 22 % del total, y si se incluyen aviación y transporte marítimo internacional el porcentaje se acerca al 27 %. Dentro de ese total, el transporte pesado por carretera concentra alrededor del 30–35 % de las emisiones del sector en países como España y Portugal. Esto explica por qué la descarbonización del transporte pesado es una prioridad: no es un nicho, es una de las grandes palancas del cambio climático.
En este contexto aparecen los gases renovables, y entre ellos, el biometano utilizado como BioGNC y BioGNL.
Qué son el BioGNC y el BioGNL
Tanto el BioGNC como el BioGNL son biometano, es decir, gas metano de origen renovable, obtenido a partir de residuos orgánicos mediante digestión anaerobia. La diferencia está en su estado físico y su uso principal.
El biometano se produce a partir de biogás generado con residuos agroganaderos, industriales, lodos de depuradora o fracción orgánica de residuos urbanos. Tras un proceso de depuración y upgrading, se obtiene un gas con una composición muy similar al gas natural fósil, pero con origen renovable.
Cuando ese biometano se comprime, hablamos de BioGNC (gas natural comprimido renovable). Cuando se licúa a muy baja temperatura, se convierte en BioGNL (gas natural licuado renovable).
La gran ventaja técnica es que ambos son plenamente intercambiables con GNC y GNL convencionales: se pueden usar en los mismos motores y aprovechar la infraestructura existente —estaciones de servicio, redes gasistas, plantas de regasificación— sin cambios drásticos de tecnología.
Del residuo al combustible: economía circular aplicada a la descarbonización
Uno de los puntos más interesantes del BioGNC y BioGNL es que no solo reducen emisiones en el uso final, sino también en la forma en que se producen.
Los residuos orgánicos, si no se gestionan correctamente, emiten metano de forma descontrolada a la atmósfera. Y el metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO₂ a corto y medio plazo. Al capturar ese biogás y transformarlo en biometano, se evita que el metano se libere a la atmósfera y se convierte en un combustible renovable.
La Hoja de Ruta del Biogás del MITECO recoge que el biogás para electricidad y el biometano para transporte producido a partir de estiércol puede alcanzar reducciones de emisiones superiores al 200 %, al evitar emisiones que se producirían si esos residuos se gestionaran de forma convencional. Esto significa que, en determinados casos, el balance global puede ser incluso “climáticamente negativo”: se retiran más emisiones de las que se generan.
Además, el digestato que queda tras la digestión anaerobia puede utilizarse como fertilizante, sustituyendo abonos minerales y cerrando el ciclo de nutrientes en el suelo, lo que refuerza el enfoque de economía circular.
Qué papel juegan el BioGNC y el BioGNL en la reducción de emisiones
Reducción de emisiones en el ciclo completo
Cuando se evalúa un combustible desde la perspectiva de la descarbonización, ya no se mira solo “del depósito a la rueda” (tank-to-wheel), sino “del pozo a la rueda” (well-to-wheel), es decir, todo el ciclo de vida.
Los estudios sobre gases renovables en transporte pesado muestran que el biometano puede proporcionar reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero de entre un 65 % y hasta más de un 200 % frente a los combustibles fósiles, según el tipo de residuo y el sistema de gestión evitado. Otros análisis señalan que el biometano puede reducir hasta un 99 % las emisiones respecto a los combustibles fósiles convencionales.
En el caso del BioGNL aplicado al transporte marítimo, determinados estudios sitúan la reducción neta de CO₂ en hasta un 92 % respecto al fuelóleo pesado, que es el combustible tradicional de muchos buques.
Estas cifras explican por qué instituciones europeas y asociaciones sectoriales sitúan al biometano como una de las piezas esenciales para descarbonizar el transporte pesado y marítimo, especialmente en los segmentos que son difíciles de electrificar en el corto plazo.
Aplicaciones en el transporte pesado por carretera
En el transporte pesado, el BioGNC y el BioGNL permiten una transición rápida porque se apoyan en una tecnología ya conocida por muchos operadores de flotas que ya utilizan GNC o GNL.
El BioGNC encaja especialmente bien en distribución urbana, recogida de residuos y servicios municipales, donde los vehículos de gas ya están implantados. El uso de biometano en estos segmentos permite reducir de forma inmediata la huella de carbono sin cambiar el tipo de vehículo.
El BioGNL, por su parte, se orienta más al transporte pesado de larga distancia. Gracias a su alta densidad energética, es adecuado para rutas de muchos kilómetros con tiempos de repostaje similares a los combustibles tradicionales. Fabricantes de camiones y operadores logísticos lo señalan como una vía realista para acercarse a un transporte de mercancías con emisiones neutras en CO₂, especialmente cuando se aumenta el porcentaje de BioGNL en las mezclas con GNL fósil hasta llegar al 100 % renovable.
En la península ibérica, el uso combinado de biometano, hidrógeno y gas natural en el transporte pesado evitó la emisión de unas 500.000 toneladas de CO₂ en 2022, muestra de que el efecto agregado de estas soluciones ya es significativo.
Aplicaciones en el transporte marítimo
El transporte marítimo es otro gran foco de emisiones y, al mismo tiempo, un sector donde la electrificación directa es muy compleja. Aquí el BioGNL aparece como una alternativa especialmente interesante.
El BioGNL puede utilizarse en motores preparados para GNL, una tecnología que ya se está extendiendo en nuevos buques. De este modo, los armadores pueden empezar utilizando GNL fósil y, a medida que haya disponibilidad de BioGNL, ir aumentando su proporción para reducir progresivamente la huella de carbono hasta acercarse a emisiones casi nulas de CO₂.
Estudios recientes apuntan a que el biometano licuado puro podría cubrir entre un 3 % y un 13 % de la demanda total de combustibles del sector marítimo mundial entre 2030 y 2050, contribuyendo de forma relevante a la descarbonización de esta actividad.
Beneficios adicionales más allá de la reducción de CO₂
La contribución del BioGNC y BioGNL a la descarbonización no se limita a las cifras de CO₂ evitado.
En primer lugar, ayudan a valorizar residuos que de otro modo supondrían un problema ambiental, reduciendo emisiones difusas de metano y mejorando la gestión de residuos orgánicos. En segundo lugar, permiten generar actividad económica y empleo en zonas rurales e industriales donde se producen esos residuos, apoyando el desarrollo local.
En tercer lugar, al producirse y consumirse a escala regional, pueden reducir la dependencia de importaciones de combustibles fósiles y mejorar la seguridad de suministro. Empresas y operadores que apuestan por el BioGNL subrayan también que su producción cercana al punto de consumo disminuye costes de transporte y emisiones asociadas a la logística del combustible.
Todo ello encaja con la visión de una economía más circular y resiliente, donde la energía se genera a partir de recursos locales y renovables.
Retos y perspectivas de futuro
A pesar de su potencial, el despliegue masivo de BioGNC y BioGNL aún enfrenta retos. Entre ellos, la necesidad de seguir ampliando la infraestructura de producción de biometano, garantizar marcos regulatorios estables y robustos sistemas de garantías de origen, y acompañar a las flotas en la transición tecnológica y financiera.
La normativa europea, a través de la Directiva de Energías Renovables (RED II y su actualización), ya fija objetivos específicos de uso de biocombustibles avanzados y combustibles renovables de origen no biológico para 2030, lo que refuerza el papel del biometano en la descarbonización del transporte.
Al mismo tiempo, la combinación de factores —presión climática, costes crecientes de las emisiones, madurez tecnológica y potencial de residuos— sitúa al BioGNC y BioGNL como herramientas especialmente valiosas para actuar ya, sin esperar a soluciones que todavía están en fase temprana.